Conciudadanos – Thomas Hardy

conciudadanos 155x214 Conciudadanos – Thomas HardyToda la obra de Thomas Hardy, uno de esos escritores que hay que leer, estuvo marcado por un profundo fatalismo. En sus historias, el destino es una fuerza ciega e insoslayable, como el hado de las tragedias griegas, que los personajes jamás pueden rehuir. Así sucede en sus principales novelas, como Tess de los d’Urberville o Jude el oscuro; y así sucede en Conciudadanos, un pequeño relato escrito en 1880 y publicado de forma exenta por Editorial Belvedere.

Conciudadanos narra la historia de un hombre marcado por un matrimonio infeliz, que alberga en secreto un fuerte sentimiento por un antiguo amor. En Jude el oscuro, escrita quince años más tarde que la historia que nos ocupa, dejaría Thomas Hardy constancia de sus ideas avanzadas sobre el matrimonio y su oposición a que la sociedad censurase la ruptura de ese vínculo cuando este condenaba al infortunio a los por él unidos; pero en Conciudadanos, el señor Barnet parece resignado a compartir su vida con una mujer a la que no ama, renunciando así a Lucy, su amor de juventud. Renunciando, incluso cuando tiene ocasión de librarse de su esposa para siempre pero elige no hacerlo, pero velando desde lejos por el bienestar de su amada.

El contraste con el infeliz matrimonio del señor Barnet lo pone el señor Downe, un amigo de este felizmente casado, cuyo hogar es el ejemplo vivo de las delicias domésticas. Sin embargo, el señor Downe perderá a su esposa en un accidente en el que también se verá implicada la funesta señora Barnet.

La historia se desarrolla lentamente, mientras el autor nos deja ver la falta de armonía entre el señor Barnet y su mujer y el pesar que este siente por no haberse casado con Lucy, pero jalonada por algunas ocasiones en las que el protagonista podría haber alcanzado la felicidad y el amor, de haberlo querido el destino.

La de Conciudadanos es una historia de amor que esconde un trasfondo de ocasiones perdidas y oportunidades malogradas, y parece enseñarnos que la recompensa no tiene por qué aguardarnos al final del camino, aunque llevemos una vida de fidelidad y virtud. El destino, así se complace Hardy en presentarlo, es por completo indiferente a los deseos, esperanzas y pasiones humanos. Lo que este breve relato parece decirnos es que poco importa aquello que hagamos, las decisiones que tomemos, porque lo que no ha de ser para nosotros, jamás lo será.

Así, mientras que al principio la narración parece dar a entender que el señor Barnet se equivocó en la elección de su esposa, dejándose llevar por la conveniencia en lugar de por el amor, al completar su lectura parece revelarse una verdad: las decisiones humanas resultan irrelevantes porque el ser humano jamás podrá escapar a su destino.

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