Pamplona inicia sus Sanfermines

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El chupinazo del 6 de julio marca el inicio y el "Pobre de mí" del 14, la despedida.

Pamplona celebra a su santo, San Fermín, pero al santo le queda poco protagonismo. La fiesta son los encierros y el símbolo, los toros. Durante una semana de julio las calles y plazas del Casco Antiguo se convierten en una fiesta.

Si hubo alguien que hizo internacional esa palabra, fiesta, y la hizo sinónimo de los Sanfermines fue Ernest Hemingway. Su libro Fiesta (1926) fue la mejor carta de presentación de estas celebraciones de cara al extranjero. Así, hoy manadas de turistas acudan a Pamplona a vivir una fiesta de la que no dan crédito. Es sin duda una de las citas masivas más importantes del mundo.

Aunque los orígenes se sitúan en el medievo en el marco de una feria comercial y una fiesta secular que a comienzos del siglo XIII se celebraban tras la noche de San Juan, elprimer programa de que hay constancia data de 1591.

El origen del encierro viene precisamente del trayecto por el que los pastores llevaban a los toros de lidia desde las dehesas de La Ribera de Navarra hasta la plaza mayor. Fue a finales del siglo XIX cuando se hizo costumbre aquello de correr delante de los astados.

Todo se inicia con el lanzamiento del chupinazo desde el balcón del ayuntamiento al mediodía del 6 de julio y terminan a medianoche del día 14 con el “Pobre de mí”, el himno de despedida.

El encierro diario consiste en una carrera de unos 800 metros delante de los torosque culmina en la plaza. Los encierros se celebran a las ocho de la mañana, cuando los más festivos y menos taurinos aún deambulan por las calles.

Hace un siglo delante de los astifinos de media tonelada de peso apenas corrían un centenar de mozos; hoy son unos 15.000 los corredores. Las calles y sus estrecheces son las mismas que fueron.

Todo ha ido evolucionando poco a poco, pero la popularidad de la fiesta en los últimos 50 años ha cambiado, si no su fisonomía, si su corazón. Todo tiene que hacerse a lo grande en una ciudad en que la población se ha multiplicado por diez y que recibe tal flujo de visitantes.

Del vino al cava y ahora calimocho y cerveza, bebidas más baratas y más cercanas a los jóvenes. Y de la docena de tabernas de hace 50 años, a los mil establecimientos que hacen su agosto en el mes de julio.

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